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"Apoyar el deporte de base no tiene precio"

Alejandro Fernández Luengo es el presidente del Grupo Alma, matriz de marcas tan conocidas como Marco Aldany, Mister A o Rizos, pero también es un apasionado del deporte y, más en concreto, del baloncesto. De niño trasnochaba para escuchar por la radio el Mundial de Cali, comenzó a jugar admirando a Mirza Delibasic y, en las filas del histórico Villalba, fue subcampeón de España júnior (todo un hito en el baloncesto villabino) además de debutar en la Liga ACB. Treinta años después, esa pasión se refleja en el apoyo de su grupo al deporte y, en especial, al minibasket madrileño como patrocinador oficial de las ligas Marco Aldany (femenina) y Mister A (masculina).

Economista de formación, exjugador de ACB, presidente de la cadena de peluquería y estética más grande de España... ¿cómo se junta todo eso?

Es el resumen de parte de mi vida. Me encanta decir que el paso por el baloncesto, los esquemas mentales de la toma de decisiones, me ha servido en el mundo de la empresa.

¿Por qué elegiste el baloncesto?

Soy de una generación [1970] en la que, tras el éxito de nuestra selección en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, si eras alto era casi una obligación jugar al baloncesto. Además soy de Majadahonda, donde hay una tradición baloncestística muy importante. En nuestro colegio, la liga escolar era una institución y recuerdo el orgullo que suponía que te seleccionaran para el equipo del colegio. Viví aquella época tan bonita, en la que el baloncesto era el deporte rey de España.

Todo el mundo habla de los Juegos Olímpicos de Los Angeles 1984, pero menos recuerdan el Mundial de Cali, dos años antes...

Me siento mayor hablando de eso (risas), pero mi primer recuerdo de amar el baloncesto, de niño, es la emoción de escuchar por la radio los partidos de ese Mundial. Recuerdo quedarme a escuchar cómo ganaban aquellos héroes, los Epi, Sibilio, Fernando Martín, Romay, Corbalán... Eran auténticos iconos.

Entrevista Alejandro Fernandez2¿Cómo eras como jugador? ¿Tenías algún referente?

Dicen que era un buen tirador. A mí me benefició mucho cuando entró la línea de tres porque como escolta tirador era una ventaja. La verdad es que tenía buenos porcentajes. Mi gran referente siempre fue Mirza Delibasic. Me hubiera encantado verle jugar en el baloncesto moderno. Era un jugador muy fino, el estilo de jugador al que yo quería parecerme.

Con el histórico Villalba llegaste a ser subcampeón de España júnior, en 1989 en Badajoz, y jugaste en la ACB, ¿cuál es el mejor recuerdo de esos años?

Tuvimos la suerte de encadenar dos temporadas espectaculares en la que nos convertimos en el equipo revelación. Creo recordar que el año que quedamos subcampeones de España solo perdimos la final, ante el CAI Zaragoza. Batimos al Real Madrid varias veces, al Barcelona, al Joventut... El equipo júnior llenaba todas las semanas las gradas del pabellón de Villalba, éramos la principal atracción deportiva de la sierra. Esto ahora es impensable, un equipo sin gran tradición baloncestística que es capaz de batir a los grandes clubs. Recuerdo aquella época con muchísima ilusión y me encanta que ahora estemos haciendo acciones de promoción del baloncesto de base con los niños porque la época más bonita es cuando empiezas a jugar. Esa ilusión por ganar, por jugar y entrenar con los amigos forma el carácter de los chavales y es una  experiencia que les va a acompañar el resto de sus vidas.

Cada vez parece más difícil que un club que no está entre los considerados grandes pueda llegar a un Campeonato de España...

Sí. De hecho han pasado treinta años hasta que lo han vuelto a hacer [el UB Villalba se clasificó para el último campeonato infantil masculino]. Se hicieron las cosas muy bien y era un club con una estrategia clara y buenos entrenadores, como Pablo Casado, Gustavo Nieto, Manuel Alcaide... Muchos jugadores recalamos en aquel club y para nuestros rivales ganar en Villalba era muy complicado. El ambiente era increíble. Entonces se podía fumar en los pabellones y cuando entrabas en la pista el humo casi no te dejaba ver. Intimidaba mucho a nuestros rivales. En la cancha de Villalba cayó gente muy grande.

Llegaste a defender a una estrella como Epi...

Para mi generación Epi era un semidiós. Fue un día muy especial porque fue el mismo en que murió Fernando Martín. El minuto de silencio en el Palau resultó impresionante. En nuestro equipo estaba David Brabender, el hijo de Wayne, y Rafael Rullán, que acabó su carrera en Villalba. Eran amigos de Fernando y estaban emocionados.Y luego estaban Solozábal, Epi... Aunque perdimos, Pablo Casado tuvo la generosidad de dejarme jugar un poco a mis 17 años. Recuerdo aquel día como si estuviera soñando.

¿Qué enseñanzas del baloncesto has aplicado al mundo de la empresa?

No conozco en profundidad otros deportes de equipo, pero siempre he pensado que la estrategia y el tipo de decisiones que hay que tomar para ser un buen jugador de baloncesto te entrena en un estilo de personalidad muy utilizable en el mundo de la empresa. La gente del baloncesto siempre decimos en broma que somos los mejores. Es una broma, pero quizá la naturaleza del juego y el perfil de gente con que te relacionas te aporta mucho. A lo mejor es una impresión personal, pero conozco gente que en su infancia y su adolescencia dedicaba todas las tardes y los fines de semana a meter canastas y después ha tenido un gran recorrido en el mundo profesional. En términos generales, todos ellos tienen unos valores que comparto y que me encantan.

¿Sigues jugando alguna pachanga?

Ahora con el auge de las ligas para mayores de 40 no paran de llegarme tentaciones y ofertas (risas), pero uno de los hándicaps de nuestra generación es que jugamos demasiadas horas en campos de cemento y nuestras rodillas lo acusan. Me da mucho miedo romperme, pero sí intento hacer mucho deporte, como nadar, preparo retos de resistencia... Alguna vez tiro a canasta para comprobar que sigo teniendo muñeca, pero me da miedo meterme en ligas de veteranos.

¿Todavía hay gente que piensa que Marco Aldany es un señor italiano?

El secreto de la casa, que era no hablar nunca de eso [un acrónimo del nombre de los tres hermanos Fernández-Luengo, Marcos, Alejandro y Daniel], lo desvelamos hace tiempo y ha salido publicado en muchos sitios, pero seguro que hay gente que sigue pensando que esto viene de Italia. Ya sabes como somos en España, que parece que todo lo que viene de fuera es mejor... Pero somos de Madrid y muy orgullosos de serlo.

El grupo se está volcando con el deporte de base y, sin ir más lejos, es el patrocinador oficial de las competiciones de minibasket de la Federación de Baloncesto de Madrid, ¿por qué? ¿qué gana a cambio?

Todos en la casa estamos convencidos de que invertir en el deporte de base, en su promoción, va mucho más allá de una acción puramente de marca. Pero como marca tenemos un ejemplo buenísimo en el Día del Mini. Los chicos se llevan el balón, el póster, las camisetas... Nuestro logo está presente y les va a acompañar en su cuarto, encima de su cama, durante toda su infancia y su adolescencia. Como marca eso no tiene precio y es una satisfacción enorme asociar nuestra marca a esas experiencias tan especiales e ilusionantes que están viviendo los chicos. Como marca, las cuentas salen, pero, aparte de eso, es una verdadera satisfacción poner nuestro granito de arena para animar a que los chicos hagan deporte.

No todos apuestan por el deporte de base...

Me encantaría que en esto nos copiaran todas las empresas. Aquí no hay competencia, igual que en nuestra línea de responsabilidad social, donde estamos muy orgullosos de colaborar en muchos proyectos. Ojalá esto sirva de inspiración para que otras empresas hagan lo mismo. Insisto, aquí no hay competidores.

Entrevista Alejandro Fernandez3En el pasado Día del Mini, Alejandro Fernández-Luengo recibió un reconocimiento
especial de la FBM por su apoyo al minibasket madrleño.

Como decías, el máximo exponente fue el pasado Día del Mini, el 2 de junio en el pabellón Europa de Leganés, ¿qué te pareció la jornada?

No había estado en ningún Día del Mini y fue un día muy especial. El ambiente fue impresionante. Muchos partidos de ACB quisieran esa energía en las gradas. Como patrocinador, acabé encantadísimo, y como exjugador, tuve la satisfacción de ver el nivel de los niños, qué altos son y, sobre todo, cómo manejan la bola. Sus fundamentos me hacen ser muy optimista sobre el futuro del baloncesto en España.

¿Es un baloncesto distinto al de tu época?

No tiene nada que ver. Si me vas a preguntar quién ganaría, si los de antes o los de ahora, te digo que los de ahora nos darían una paliza.

Marco Aldany y Mister A también participan este mes de septiembre en el Memorial Juan Martín Caño patrocinando los trofeos a los MVP...

Es una satisfacción participar de este acontecimiento tan especial y se engloba dentro de una sucesión de actividades, que espero que duren muchos años, en las que vamos a acompañar al baloncesto madrileño.

¿Cuáles son los próximos objetivo del grupo?

En el aspecto empresarial, Marco Aldany está inmerso en un ambicioso plan de expansión. Seguiremos abriendo establecimientos tanto en España como en otros países. Estamos tratando de ser líderes en muchas regiones donde aún tenemos recorrido. Dentro de las acciones de promoción y su división de deporte, intentamos apoyar especialmente el deporte de base y tener una importante presencia en el femenino. No solo en baloncesto, también voleibol, fútbol sala, balonmano... Nos encanta que muchos clubs tengan nuestra marca en su camiseta. La vinculación de nuestras marcas de belleza y salud con los valores que aporta el deporte no es una acción de retorno inmediato, a corto plazo, pero sí tiene una coherencia total.

 

 


 
 

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