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Estudiantes, la mayor cantera de España

Reportajes clubs. EstudiantesNació en un instituto (y ahí sigue), tiene la mayor cantera de España, con más de 1.000 jugadores, y un equipo en la máxima categoría desde hace más de 50 años. Por el Estudiantes han pasado todos. Entrenadores como Díaz Miguel, Aíto García Reneses, Ignacio Pinedo y Pepu Hernández. Jugadores como John Pinone, Nacho Azofra y Carlos Jiménez. O leyendas como Fernando Martín… Pero, según el presidente del club, Miguel Ángel Bufalá, “el corazón del Estudiantes es su cantera”.

 

El club Estudiantes surgió oficialmente en 1948, aunque desde unos años antes ya se jugaba al baloncesto en el instituto Ramiro de Maeztu. Los pioneros fueron un grupo de alumnos ‘rebeldes’ a quien no convencía el deporte de moda, el fútbol. “Querían hacer otra cosa, pero los profesores de Educación Física no conocían el baloncesto, había muy poco en Madrid, y no gustó mucho, así que al principio tuvieron poco apoyo”, explica Miguel Ángel Míchel Bufalá, actual presidente del Estudiantes y persona ligada al club, como alumno del instituto, jugador o directivo, durante los últimos 45 años.


Antonio Magariños, hombre clave
en el nacimiento del club.

Los primeros pasos fueron duros. “Esos forjadores del Estudiantes, liderados por Rafael Laborde, tenían que poner las canastas en el campo de fútbol y después, cuando terminaban de jugar, las bajaban por unas escaleras para guardarlas”, comenta el presidente. Sin embargo, Laborde consiguió el apoyo de un catedrático de latín, Antonio Magariños, que enseguida se convirtió en el alma mater del club y organizó el primer equipo. Con el tiempo, las canastas se quedaron, el campo de fútbol empezó a ser ‘invadido’ por ellas y el baloncesto se convirtió en el deporte estrella del Ramiro.

En 1956 arrancó la Liga Nacional de baloncesto con el Estudiantes como uno de los seis equipos participantes (junto al Real Madrid, el Barcelona y el Joventut siempre ha estado en la máxima categoría). El Estu ya tenía sus primeros referentes en la cancha. Además de Laborde, estaban Luis Martínez Arroyo, Perea, Pájaro Salaverría, Roberto Bermúdez o Héctor Rodríguez, entre otros. Pero Míchel Bufalá (entonces un chaval de Preparatoria) recuerda por encima de todos a uno de los estudiantes, Antonio Díaz Miguel, “porque era buenísimo. Además, medio vivía aquí, ocupaba unas dependencias en el internado. Le daban un poquito de dinero para transporte y libros, y la comida gratis. Él estaba como vigilante en el internado y se pasaba mucho tiempo entrenando”. Fueron los comienzos de un mito del baloncesto español, 26 veces internacional como jugador, 27 años seleccionador y una medalla de plata olímpica en los Juegos de Los Ángeles.


Un equipo de 1957. Arriba, Garrido, Preston, Abreu, Laborde y Leopoldo Codina;
Olivares, Díaz Miguel, Rodriguez y Salaverría.

Entre las anécdotas de la época, Bufalá rememora un premonitorio artículo de Antonio Magariños: “Escribió un artículo en la revista del Estudiantes en el que decía que veníamos de ganarle al Madrid y que cogíamos un avión para jugar una liga europea. Entonces sonaba a ciencia ficción, y, mira… ahora existe la Euroliga”.

En 1957 se inauguró la primera cancha oficial del club, pronto conocida como La Nevera, nombre popular muy descriptivo que se ha conservado pese a las sucesivas remodelaciones. En aquellos años, el Estudiantes era un club familiar y de amigos. Lo prueban detalles (“el padre de uno de los jugadores era aparejador y fue el primero que alquitranó los campos”),y, sobre todo, las sagas que han marcado la historia del club: Sagi-Vela, Martínez Arroyo, Ramos, Garrido, Codina, Martín, Reyes… “Ponían las canastas en el campo de fútbol y después las bajaban por las escaleras”También Bufalá, porque su hermano José Pedro (recientemente fallecido) ocupó varios puestos en la directiva del club. “Antes eran los hermanos de…, después los hijos y en los últimos años han empezando a llegar los nietos”, apunta el presidente.

Sin cambiar esa mentalidad, en los años 60 (mientras en las canchas jugaban Aíto García Reneses, José Luis Sagi-Vela, Juan Martínez Arroyo o los hermanos Ramos) el club dio un giro hacia un profesionalismo inevitable. “Los clubs ya manejaban dinero. Nosotros empezamos por pagar el transporte, después transporte y bocadillo, y al final alguno se llevaba cien pesetas. Los mejores, doscientas”. Eso sí, el Estudiantes hacía honor a su nombre “y más del noventa por ciento de los jugadores eran universitarios, al contrario de otros clubs que solo tenían uno o dos”. En esa conversión hacia los nuevos tiempos jugó un papel importante Anselmo López, entonces vicepresidente del COE, que contribuyó a sanear las cuentas del club y a formar una junta gestora.


El Estu como club familiar. En la imagen, los hermanos
Sagi-Vela:José Luis (de pie), Alfonso y Gonzalo .

Pero el cruce de caminos llegó poco después cuando la nueva directiva, bajo la presidencia de José Hermida, se planteó abandonar la máxima categoría o aceptar un patrocinio. “Ahora parece increíble, pero entonces tener un patrocinador era como mancillar el nombre del club con un apellido. Éramos de los pocos que no teníamos, quizá por orgullo”. Finalmente se aceptó el patrocinio, Hermida (contrario a él) abandonó la presidencia, y entró una nueva junta directiva presidida por Pedro Dellmans y en la que estaban, entre otros, Aristóbulo de Juan, Eduardo Bermúdez y Miguel Ángel Bufalá, que a sus 19 años ocupó el cargo de gerente.

Esa crisis de los 60 no fue la única. Entre bromas y veras, el presidente dice que “en los últimos 65 años hemos tenido problemas económicos 66 y, con viabilidad difícil, para tener que cerrar, seis o siete veces”. ¿Y cómo se ha solucionado? Aquí Bufalá emplea un símil muy gráfico: “Somos muchos. En todos estos años hemos hecho calidad pero también cantidad. Por el Ramiro ha pasado mucha gente; entrenadores, jugadores, aficionados… Al final somos como un gran banco de peces que se mueve al unísono. Peces pequeños pero con una estrategia de conjunto. Por supuesto, a veces llegan los tiburones y nos esquilman, pero muy poco, porque el banco cambia de dirección y se sigue moviendo”.


El proyecto del polideportivo Magariños,
junto al campo de fútbol que ya no existe.

La modernización no fue solo económica. En 1970 se inauguró el flamante polideportivo Antonio Magariños, desde entonces la casa del Estudiantes, donde el club vive en una doble vertiente. Por un lado, el primer equipo, que tuvo en los ochenta y principios de los noventa una de sus mejores épocas. La década empezó con un subcampeonato de Liga (1980) gracias a un equipo en el que estaba, entre otros, el junior Fernando Martín, y terminó en 1992 con la conquista de la Copa del Rey y la clasificación para la Final Four de Estambul. Fueron los años de Vicente Gil. John Pinone, David Russell… y de un cambio generacional representado por jugadores como Nacho Azofra, Carlos Montes, Juan Antonio Orenga o Alberto Herreros.

Muchos de esos jugadores procedían del otro gran valor del club, la cantera, que, según Miguel Ángel Bufalà, “existe desde siempre”, empezando por el minibasket: “Antes de que comenzara oficialmente, impulsado por Anselmo López, aquí ya llevábamos cinco años jugando con campos más pequeños, canastas más pequeñas y niños más pequeños. Como detalle –recuerda– al árbitro no se le llamaba árbitro sino amigo, porque era más formativo”. Esa cantera ha servido para nutrir al ACB y para superar tiempos de crisis: “Hemos conseguido tener jugadores que sientes como tuyos, que encima suelen ser más baratos, que, en el peor de los casos, han solucionado papeletas económicas con sus traspasos, y que han paseado el nombre del Estudiantes por todo el mundo”.


Fernando Martín, de pie con camiseta oscura, era la estrella de este equipo junior.

El crecimiento de la cantera, que se ve reflejado año tras año en la tradicional foto de familia, ha tenido un auténtico boom en la última década. De 500 jugadores en 1993 a los 1.015 actuales. Las chicas se incorporaron hace ya casi un cuarto de siglo tras superar las reticencias iniciales (“nos ocasionaba muchos trastornos, como hacer vestuarios nuevos”). El presidente asegura que “es uno de los mayores aciertos que ha tenido la entidad en toda su historia. José Vicente Orbea lo impulsó, dijo que era el futuro y acertó de lleno. Ha sido un éxito absoluto”. “La incorporación de los equipos femeninos fue uno de los mayores aciertos de la entidad”Y vaticina: “A este ritmo, seguramente dentro de diez años habrá más chicas que chicos jugando al baloncesto en Estudiantes”.

Pero los objetivos de la mayor cantera de baloncesto de España no son solo deportivos. Miguel Ángel Bufalá explica que “intentamos que haya armonía, que todos jueguen, pero, sobre todo, que sean personas. A la vez que disfrutan, crecen. No solo físicamente, también en valores como el compañerismo, el esfuerzo, el respeto… y que eso se transmita a la vida escolar, que estudien, porque con 9 años no puedes pretender ser profesional. Eso sería una barbaridad. Nuestros técnicos saben que son más tutores que entrenadores, sobre todo con los más pequeños”. En la dualidad élite-base, el actual presidente va más lejos: “Nuestra supervivencia no pasa por el equipo ACB, que nos gusta a todos muchísimo y que es puro espectáculo… Nuestra supervivencia se basa en tener más de 1.000 niños jugando al baloncesto. La cara estética nos la da el ACB, pero el corazón de esta entidad es la cantera”. Ese corazón necesita cuidados constantes y en el club anuncian que “a finales de esta temporada y en la que viene vamos a dar un gran cambio porque no te puedes dormir. Todo es mejorable y hay que seguir innovando”.


Un Estudiantes ACB de los ochenta con Pinone, Orenga, Herreros, Azofra…

Tras la creación de las sociedades anónimas deportivas por la Ley del Deporte de 1990, la división equipo-cantera se hizo oficial. Para no perder su filosofía original, el Estudiantes se divide administrativamente en la sociedad anónima, con el equipo ACB, y el club, con la cantera como máximo exponente. “Son independientes, pero siempre hemos mantenido la teoría de los vasos comunicantes. Si sobra de un lado, se lleva al otro, siempre dentro de una legalidad absoluta”, explica el presidente. Entre los dirigentes que han llevado las riendas desde entonces, nombres como Juan Francisco Moneo, Alejandro González Varona, Juan Francisco García, Fernando Bermúdez… Bajo sus sucesivas presidencias han llegado éxitos deportivos, como la Copa del Rey de 2000, la presencia de los primeros equipos (masculino y femenino) en las máximas categorías, numerosos títulos en cantera, y han vestido la camiseta del Estu jugadores como Carlos Jiménez, Gonzalo Martínez, Alfonso y Felipe Reyes, Shaun Vandiver, Sergio Rodríguez... Y entre las chicas, Paula Palomares, Betty Cebrián, Silvia Domínguez, Aauri Bokesa o la incansable Marta Zurro.


Uno de los primeros equipos femeninos, en los años noventa.

Pero de la larga historia del Estudiantes, Miguel Ángel Bufalá recuerda con especial cariño un momento ya lejano, la conquista de la primera Copa del Rey, en 1963, cuando descubrió la importancia del baloncesto en el Ramiro: “Estaba en 4º ó 5º de bachillerato. Teníamos un profesor, Navarro, que era durísimo, muy serio… Y, de pronto, llegó el autobús que volvía de San Sebastián con los jugadores. Nos dijo algo así como “¡vienen los triunfadores! Ya en la Antigua Roma, cuando alguien venía de ganar una batalla el pueblo venía a recibirles, así que a la calle…” Fue algo inaudito y el momento más feliz de mi adolescencia con el Estudiantes”. También hay lugar para los malos recuerdos, como las tres veces en las que el primer equipo ha estado a punto de descender. En especial, la promoción contra el Peñas de Huesca, en 1984, “en el quinto partido y de puro milagro… Fue un momento horroroso”.

Con 65 años de historia a sus espaldas, el presente del Estudiantes se basa en la convivencia entre los equipos de arriba (ACB y Liga Femenina 2) y la numerosísima cantera, más otro pilar importante, la labor social de la Fundación Estudiantes: “Si la cantera es el corazón, la Fundación es el alma. Un ejemplo de que con poco dinero, mucho trabajo y mucha imaginación se puede trabajar en educación, valores y ayudar a gente con discapacidad”.


Los jugadores celebran la Copa del Rey conquistada en el año 2000.

¿Y el futuro? Con la ayuda de los patrocinadores (desde 2009, el principal es la aseguradora Asefa), el Estudiantes quiere seguir creciendo en dos vertientes. La primera, y más complicada en estos tiempos de crisis, es la económica. Aquí toca combatir la realidad con imaginación: “El baloncesto de élite es deficitario hagas lo que hagas, porque los costes se han disparado y no hay quien los baje. De hecho, creo que en poco tiempo hará un reajuste brutal. Nosotros nos defendemos externalizando una serie de proyectos relacionados con el deporte y la educación”. El próximo será un gimnasio de bajo coste en el  Magariños, en plena calle Serrano, que se inaugurará en los próximos meses.

En el aspecto deportivo, el objetivo es “cambiar para mejorar. Tenemos que mejorar la cantera, reforzando nuestros principios y con mayor confort y organización…” Y también seguir creciendo, aunque sea puertas afuera de un Magariños ya al límite de su capacidad: “Vamos a desarrollar escuelas, que se regirán  por nuestra filosofía y con nuestros entrenadores; en Madrid y, posiblemente, en el resto de España. Nunca vamos a limitar el número de personas que estén bajo la tutela de esa palabra mágica llamada Estudiantes”.


Miguel Ángel Bufalá repasa la historia del Estudiantes en las oficinas del Magariños.

Fotos: Club Estudiantes. 60 años de baloncesto/FBM


 
 

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