El Prado, educar en la cancha

Reportajes Clubs. Colegio El pradoEl deporte como una continuación de la educación en las aulas. Siempre bajo esta filosofía, el baloncesto en el colegio El Prado ha evolucionado desde las competiciones escolares en los años 70 y 80 hasta las federadas. Desde un equipo por categoría hasta uno por año. Los éxitos deportivos no son la meta, pero llegan, como el tercer puesto de Madrid en  alevín conseguido en el último Día del Mini (en la imagen) y las históricas victorias contra el Estudiantes y el Real Madrid.

 

El Colegio de Fomento El Prado es un enorme centro, que recuerda a un campus de universidad norteamericana, situado en pleno barrio de Mirasierra. En sus instalaciones, entre árboles y jardines, se esconden un campo de fútbol 11 (es de los pocos colegios de Madrid que lo tienen), dos de hockey, dos pistas de tenis, otras dos de pádel… También un gimnasio-pabellón, construido al mismo tiempo que el colegio, en los años sesenta, y recientemente remodelado que es la sede principal del baloncesto.


Un equipo del colegio a finales de los años 80.

Y es que el deporte forma parte de la filosofía del centro desde su origen, como un importante complemento de la educación en las aulas. Como recuerda Julio Santo Tomas, coordinador de baloncesto, “Antiguamente, cuatro deportes eran el motor del colegio: el atletismo, el balonmano, el fútbol y el judo. El baloncesto era muy minoritario, pero poco a poco ha ido creciendo”. Con el paso de los años, ha ganado terreno hasta convertirse en el segundo en número de jugadores, solo por detrás del fútbol, y muy por delante de disciplinas nuevas y poco habituales en los colegios como el golf y el pádel.

El baloncesto se desarrolla en el pabellón y en siete pistas exteriores, tres de canasta grande y cuatro de minibasket, repartidas en dos parcelas. Antes había una pistas anexas al pabellón, pero sobre ese solar se levanta ahora la sede central de los colegios de Fomento. En la temporada 2012-13, juegan al básquet 120 niños (el centro es solo masculino) repartidos en trece equipos, diez federados y tres municipales. Tanto el número de jugadores como el de equipos federados es el más alto en la historia del colegio.


Este conjunto alevín acabó cuarto de Madrid.

En sus comienzos, desde los años 70 hasta la primera mitad de los 90, El Prado solo participaba en campeonatos escolares. Julio, antiguo alumno, recuerda entre los rivales de entonces “al colegio Santa María, en Arturo Soria, el Brains, el Joyfe, el Valdeluz…”. Fueron años de formación hasta que “cogimos fuerza y llegamos a un nivel en el que ganábamos casi siempre”. De hecho, el equipo juvenil conquistó dos veces seguidas el campeonato escolar. “Entonces decidimos dar el salto a la competición federada. Ramón Guardiola fue un nombre decisivo en la evolución del clubDesde ese momento inscribimos a los equipos que tienen cierto nivel deportivo en la Federación y a los que son claramente de iniciación en la liga municipal”.

En esa época, desde mediados de los 90 hasta los primeros años del nuevo siglo, varios factores se unieron para que El Prado diera ese salto. Incluso la aparición, como padres de alumnos, de nombres importantes en la historia del baloncesto español. “Ramón Guardiola [jugador de la primera plantilla del Real Madrid entre 1966 y 1969] tenía a su hijo en el colegio y empezó a dar  formación técnica a los entrenadores. Hasta ese momento cada uno hacía lo que podía y Guardiola, sin tener un cargo en el colegio, solo como padre, influyó decisivamente para que todos los técnicos siguiéramos una misma línea. Todos aprendimos mucho de él”. Con Guardiola llegó otro mito, Wayne Brabender (en el Madrid de 1967 a 1983, 190 veces internacional). “Son muy amigos y Brabender también vino por aquí a dar clínics”. Y, más recientemente, Alfonso del Corral (Estudiantes, Real Madrid…). “Tuvo a su hijo jugando aquí. No llegó a entrenar, pero todavía era muy conocido y solo su presencia en el cole sirvió de mucho”.


A principios del año 2000 el baloncesto ya era uno de los deportes más importantes del colegio.

Con la influencia de jugadores conocidos y la mejora de la formación técnica, los primeros éxitos no tardaron en llegar. En 1999, el equipo alevín acabó cuarto de Madrid. Ese mismo año se produjo la primera victoria contra un equipo del Estudiantes y, también por primera vez, un jugador de El Prado, Jorge González, fue convocado por la selección de Madrid. Poco después, el equipo infantil ascendió a Preferente y el senior a Primera Nacional, aunque cedió la plaza por motivos presupuestarios.

Desde entonces, y a pesar de la competencia de otros deportes, el crecimiento del baloncesto ha sido exponencial, en número y en calidad. De un equipo por categoría se ha pasado a uno por año. Un factor decisivo es que las generaciones suelen mantenerse. A lo largo de la historia de El Prado las ‘fugas’ a los clubs grandes son contadas, quizá porque “al ser todos chavales del cole deciden seguir juntos”. Una unión entre el club y el colegio que resulta determinante. Julio Santo Tomás lo puede decir más alto pero no más claro: “Somos un club deportivo por un tema legal, pero el funcionamiento y los objetivos son los mismos del colegio”. Y resume esos objetivos: “Buscamos que el baloncesto sea la continuación de lo que se hace en las clases, que enseñe los mismos valores. Nos da igual ganar o perder. Ni el colegio ni nosotros como responsables deportivos pedimos resultados. Solo que haya muchos niños participando y que los chicos sean educados y den una buena imagen. No tenemos otra pretensión”.


El gimnasio-pabellón ha sido remodelado recientemente.

La simbiosis club-colegio se refleja en que dos de los entrenadores son profesores del centro, de Primaria y de ESO, y tres antiguos alumnos. De los 120 jugadores actuales, más del 90 por ciento son alumnos. El 10 por ciento restante no son fichajes, sino “amigos o familiares que llegan para completar equipos. No vamos a los descartes del Real Madrid o el Estudiantes ni hacemos ningún tipo de selección”. Es más, ante la gran oferta deportiva, toca conformarse con lo que hay: “Después del fútbol, que tiene 300 niños, somos el deporte más fuerte del colegio, pero hay mucha diversificación. Muchas veces vemos alumnos altísimos que nos vendrían bien, pero ya están apuntados en fútbol o balonmano, y no nos hacemos la competencia entre nosotros”.


Un entrenamiento en las pistas exteriores del colegio.

Otro límite está en las infraestructuras. “El colegio es enorme, pero tenemos un pabellón con una única pista que hay que compartir con otras actividades, como la clase de educación física y el predeporte. No es una instalación de baloncesto, es el gimnasio del cole”. Por eso hace dos temporadas se dobló el turno de entrenamientos. De cinco a seis y media y de seis y media a ocho. Era la única forma de seguir creciendo, de tener más equipos federados. Sin pretensiones, aparte de jugar al baloncesto, sin grandes objetivos deportivos, pero sin despreciar los que se consiga. Hasta donde se pueda. Un ejemplo es el senior. “Está planteado para que los alumnos que acaban el cole sigan jugando. Este año tenemos un Sub’21 y un Segunda Autonómica. Si se diera un ascenso a Primera Autonómica B o a Primera A, lo aceptaríamos, pero ese es nuestro techo. No podemos pasar de ahí”.

Si en 1999 se ganó por primera vez al Estudiantes, en 2011 cayó el Real Madrid. El 7 de octubre, el infantil de El Prado derrotó contra pronóstico al Real Madrid B por 36-35. En la vuelta, el Madrid se vengó (68-17), pero esa victoria, y alguna más, alimentaron una leyenda de club difícil de vencer en su pabellón. “Tenemos fama de que es difícil ganar aquí. ¿Por qué? No lo sé. A lo mejor por la instalación, por el tipo de parqué, o porque los chavales aquí se crecen. Podemos perder partidos, pero raramente nos meten palizas. Luego fuera bajamos bastante”, reconoce Julio. También en la temporada 2011-12 llegó uno de los últimos éxitos deportivos: el tercer puesto de Madrid en alevín masculino de segundo año. “Tenemos fama de que es difícil ganar aquí. Podemos perder, pero raramente nos meten palizas”Sin embargo, el coordinador de baloncesto insiste: “Es solo una anécdota. No es lo esencial. No buscamos que al final del curso los padres nos den las gracias por conseguir una medalla o por haber ganado al Madrid sino por haber educado a su hijo, por continuar la labor del colegio”.

Y es que junto al trabajo de los entrenadores-profesores y el apoyo incondicional del centro, está el papel de las familias. La página web del colegio reclama explícitamente que los padres acompañen a los chavales en los desplazamientos e inculquen a sus hijos el compromiso que supone a asistir a los entrenamientos y partidos. “Ese compromiso es fundamental. Se lo pedimos y lo cumplen. Apoyan bastante, se interesan, ponen los coches para los desplazamientos… Son padres muy activos”, comenta Julio. El colegio también fomenta esa implicación con la fiesta del baloncesto, que se celebra una vez al año. Un evento familiar que incluye partidos de padres contra hijos, las fotos de todos los equipos y comida en el colegio.


Terceros de Madrid en alevín de segundo año, uno de los últimos logros deportivos.

A través de la página web, el club comunica la agenda de partidos y mediante el correo electrónico envía crónicas escritas por los entrenadores. La vocación formativa de El Prado se refleja en una anécdota: “Antes poníamos las crónicas con la foto del jugador más destacado en los tablones a la entrada del colegio, pero dio lugar a que muchos chavales empezaran a acaparar el balón para ser el más destacado. Eso estaba potenciado el egoísmo, así que lo quitamos del tablón. Ahora se lo enviamos a los padres y ellos lo gestionan. Además, ya no hablamos del jugador más destacado sino del más completo de la semana, y ahí también influye la asistencia a los entrenamientos e incluso las notas”.

El Prado se mantiene fiel a sus valores. La cancha funciona como un aula más. El club tiene las ideas muy claras y una filosofía de vida tranquila. Sin metas ambiciosas ni grandes riesgos. Quizá por eso, en tiempos de crisis, Julio Santo Tomás dice que “la mala situación económica se ha podido notar en otros aspectos del colegio, pero no en el deporte. Nos mantenemos e incluso hemos subido algo, y eso también nos anima a seguir”.


La fiesta del baloncesto reúne a padres e hijos.


 
 

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