Cabrini, un símbolo del baloncesto colegial

CabriniEl Cabrini es el prototipo de club colegial que integra en un proyecto deportivo el trabajo de los técnicos, el apoyo de las familias y la necesaria colaboración del centro educativo. Surgió en 1974 por iniciativa de los padres de los alumnos del colegio Santa Francisca Javier Cabrini –el nombre completo del club es CD APA Cabrini– y desde entonces se ha convertido en uno de los clásicos del básquet madrileño, igual que su torneo que en 2011 llegará a la XXXII edición.

 

La historia del Cabrini viene de lejos. El club comenzó su actividad en 1974, aunque en el patio ya se jugaba al baloncesto desde mediados de los sesenta. Pero el colegio Santa Francisca Javier Cabrini es un emblema del barrio, donde surgió como escuela para niñas huérfanas nada menos que en 1907, cuando Canillas era un pequeño pueblo muy alejado del centro de Madrid. La Guerra Civil paralizó la actividad y en los años cuarenta, ya acabada la contienda, se comenzó la construcción de un nuevo edificio que fue testigo del crecimiento del pueblo, de la anexión de Canillas a Madrid en marzo de 1950 y de la integración en el distrito municipal de Hortaleza veinte años después.


Los equipos participantes forman en el Torneo Cabrini de 1984.


Un equipo alevín de 1994; Carlos Gómez y dos jugadoras,
Bárbara Santos y Mapi López, siguen en el club.

Durante todo ese tiempo, el colegio fue exclusivamente femenino y quizá por ese motivo cuando un puñado de padres decidió introducir un deporte el elegido fue el baloncesto. Como explica Carlos Gómez, entrenador y ex responsable técnico, “hasta donde yo sé, lo implantaron con entrenadores de Irlandesas, que tenían tradición de baloncesto. Además, hace cuarenta años el deporte femenino más arraigado en los colegios era el baloncesto”.

Carlos entrena en el Cabrini, aunque con algunas interrupciones, desde 1988. Pablo Sánchez, el actual coordinador, lo hace desde hace siete años, cuando se mudó al barrio, “ahora estoy arraigado a tope, hasta me he casado con una chica de aquí”, explica. Ese sentimiento familiar, de implicación y plena integración en el entorno, es básico en un club colegial, exclusivamente alimentado por alumnos y ex alumnos. Otro ejemplo es el actual presidente, Francisco Javier del Bosque, también casado con una ex alumna. En el Cabrini todos se conocen. Pablo y Carlos lo demuestran recordando, sobre viejas fotos, los nombres de todos los jugadores y jugadoras de los últimos años.


Elena Martín, jugadora preinfantil,
es una de las jóvenes promesas del Cabrini.

En la temporada 1977/78, solo tres años después de aparecer el primer equipo, el Cabrini ya contaba con 46 jugadoras distribuidas en tres equipos de infantil y alevín. Al año siguiente se celebró un torneo interno, germen del Torneo Cabrini, el orgullo del club. “Por el torneo entrenas y trabajas durante todo el año. Puedes tener un equipo que gane muchos partidos o que se meta en playoff, pero los jugadores y los entrenadores saben que el torneo te da la sensación de la temporada”, explica Carlos. “Cuando llegué aquí, alguien me dijo que si quieres ver a un jugador sudar la camiseta tienes que vivir el Torneo Cabrini”, apunta Pablo.

El torneo, de formato triangular, reúne a equipos de distintas categorías pertenecientes a tres clubs, el Cabrini y dos invitados, “y que nadie piense que invitamos a equipos a los que vamos a ganar de cuarenta. “Si quieres ver a un jugador sudar la camiseta vive el Torneo Cabrini” Al contrario, se invita a equipos con los que has perdido de cuarenta porque así hay un extra de motivación”, puntualiza Pablo. Por el colegio han pasado hasta las categorías inferiores del Joventut, con un joven Sergi Vidal al frente. Y entre los presidentes de honor han figurado nombres como Lolo Sainz, Pepu Hernández o Carlos Suárez.

Un claro ejemplo de la integración de las familias en el club, al margen del soporte económico, es la organización del torneo. “No lo organiza el club sino los padres de los alumnos de último año de mini. Es una forma de involucrarlos e incluso hay una rivalidad sana a ver quién lo organiza mejor”, explica Pablo. “Todos los años nos hacen las mismas preguntas, pero a cambio los padres se dan cuenta de todo lo que hay detrás del club y del trabajo que lleva. El torneo es en el mes de junio y ya llevamos con reuniones desde primeros de noviembre”, comenta Carlos.


Uno de los equipos participantes en el XXXI Torneo, celebrado en 2010.

El colegio Cabrini cuenta con tres canchas de mini y otras tres de canasta grande, uno de ellas techada “que nos da la vida”. Está prevista la utilización en breve de otra pista de mini, también cubierta. En ellas practican el baloncesto en la temporada 2010/11 180 jugadores distribuidos en catorce equipos, ocho masculinos y seis femeninos, bajo la dirección de veinte técnicos. Como en la mayoría de los clubs modestos, la clave está abajo. Por ese motivo, el horario lectivo de los niños de 1º y 2º de Primaria incluye una hora a la semana para el baloncesto. “Al margen de la Educación Física, había una clase de apoyo y el colegio nos la ha cedido para el baloncesto con un entrenador titulado nuestro. Es un entrenamiento puro y duro”.

Esa hora semanal actúa como reclamo para la escuela del club: “En octubre hay pocos niños pero en abril o mayo, gracias a la escuela interna, hay bastantes más porque le van cogiendo el gustillo”.  Y más abajo todavía está la escuelita, con los peques de 3º de Infantil, “para que vayan cogiendo rutinas porque todavía ni pueden con el balón”.


Las jugadoras se entrenan, casi de noche, en la pista cubierta del colegio.

Ese trabajo con los más pequeños ha hecho que, a pesar de la crisis económica, el número de chavales se mantenga estable e incluso haya aumentado en los últimos años: “Hace un par de temporadas teníamos treinta niños menos. Ese año pagamos que no pudimos tener escuela interna. Un equipo cadete llegó a disputar el Campeonato del Mundo escolar Desde entonces el número de equipos se mantiene, aunque nos gustaría contar con alguno más y no tener que juntar a distintas generaciones. Por ejemplo, este año hay pocos de infantil, tanto en chicos como en chicas, y tienen que jugar con el cadete”.

Eso sí, los que empiezan siguen adelante y numerosos equipos permanecen casi intactos durante todo el ciclo escolar. Así lo demuestran hechos como que “en el sénior masculino de este año, nueve jugadores llevan juntos desde mini. En cadete de segundo año algunos se fueron, pero en sub’21 nos dijeron que querían volver y se presentaron los doce. De ellos, quedan nueve”.


Este equipo disputó en Turquía el
Campeonato del Mundo escolar de 1990.

En el palmarés del club hay numerosos logros, tanto en torneos colegiales como federados, desde aquel tercer puesto del juvenil femenino en la temporada 1978/79 y los primeros de mini en la 1982/83. El más espectacular fue la presencia de un equipo cadete femenino en el Campeonato del Mundo escolar, disputado en Turquía en 1990, donde terminó quinto. En el aspecto individual, Carlos y Pablo recuerdan nombres como “Nuria Oliva, que fue internacional en una Universiada junto a Blanca Ares, Betty Cebrián, Marina Ferragut o Carlota Castrejana; Raquel Ros, que jugó en el Canoe; Sandra González Cano, que estuvo en Liga Nacional con el Tres Cantos; Soledad Merino [actual entrenadora del Bodybell Arganda, de Primera Nacional Femenina] …” Y la fábrica del Cabrini sigue dando sus frutos con jóvenes promesas como Paula Miranda, Laura Requena (ahora en el Canoe), Elena Martín, Pablo Pérez…

El Cabrini es un claro ejemplo de club colegial. Con sus sombras, “a veces llegan clubs con más nombre y nos fichan jugadores hasta en edad alevín”, y sus luces, “nuestros campos son nuestros, no son municipales, y podemos usarlos cuando queramos”. Con vocación pedagógica: “Gracias al baloncesto los niños aprenden trabajo en equipo, generosidad, responsabilidad, adquieren independencia…”  Y con más objetivos al margen de la competición: “Aquí no se dice que no a nadie. Todo el que quiera jugar puede hacerlo. Y mientras están aquí no están en cualquier otro sitio”.


La foto de familia del CD APA Cabrini correspondiente a la temporada 2009/10.

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