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Irlandesas, los nuevos tiempos de un histórico

Reportajes Clubs. IrlandesasDurante veinte años, entre 1975 y 1995, el colegio Irlandesas fue uno de los referentes del baloncesto madrileño y nacional con dos campeonatos de España infantil, y un equipo senior, formado por exalumnas, en Primera B. Juan Paz era el coordinador de baloncesto entonces y lo sigue siendo ahora, cuando las restricciones económicas y el auge de los clubs han limitado el baloncesto a las competiciones colegiales con pocos equipos federados. Toca reinventarse.

 

En el colegio BVM Irlandesas se vive el baloncesto desde hace más de 60 años, cuando el centro estaba en la calle Velázquez y las alumnas jugaban a una especie de básquet importado de Irlanda. Entre aquellas alumnas estaba Ana Garrigues, ahora una monja de 74 años, y parte fundamental en la historia del club. Según recuerda, “había una única canasta, un palo con una cesta, y un círculo. La jugadora que estaba en el círculo era la única que podía tirar”.


Un equipo de 1973, cuando el colegio estaba en la calle Velázquez.

El baloncesto pronto evolucionó hacia el que todos conocemos. “Jugábamos contra otros colegios como Esclavas, Sagrado Corazón, Damas Negras, la Asunción… y lo mejor de todo era que al final del partido nos tomábamos una merienda todas juntas. También había tenis, algo rarísimo en esa época y Manolo Santana recogía las pelotas. Cuando empezó a ser famoso, todas presumíamos…” Ya en los 60, las chicas de Irlandesas consiguieron los primeros títulos como atestiguan trofeos que aún se conservan. Pero todavía quedaba una década para que arrancaran los mejores años.


Los primeros éxitos: campeonas de España, con Juan Paz,
que entonces tenía 23 años, al frente

A principios de los 70, aún en Velázquez, comenzaron a reunirse los nombres clave en la historia de Irlandesas. En 1973 llegó el entrenador Juan Paz, que contó con la colaboración de la profesora de Educación Física, María José Gallego, y de su marido, Armando, jugador del club Olímpico 64. Pero fue un padre de alumnas, Marcos Humet, quien dio el impulso definitivo. Se trasladó de Barcelona a Madrid en 1956 por motivos de trabajo y, tres años después, se casó con una antigua alumna del Irlandesas. Sus hijas recalaron en el colegio. A sus 90 años recién cumplidos, aún tiene una imagen grabada: “Recuerdo que cuando estábamos en Velázquez veía una vitrina con solo cuatro copitas… y aquello no me gustaba”.

Con Marcos Humet impulsando el proyecto desde la junta de padres y Juan Paz en el aspecto deportivo, el Irlandesas dio un salto de calidad, que se confirmó enseguida con un Campeonato de Madrid infantil de segunda categoría en 1973 y dos Campeonatos de España, también infantiles, en 1975 y 1976. Al año siguiente, con el colegio ya en el mapa del baloncesto nacional, se produjo el traslado a El Soto de La Moraleja. Entre las jugadoras de la época destacaba Cristina Humet, tercera hija de Marcos, que llegó a jugar en Estados Unidos. “Mis cinco hijas han jugado y la pequeña, con 40 años, sigue haciéndolo”, apunta orgulloso. Otras jugadoras que llegaron  fueron la internacional Gelu Moreno y Silvia Pereira.


La pasión por el baloncesto se refleja en esta imagen de 1976.

Entre 1975 y 1995 llegó la época dorada del Irlandesas. Al entusiasmo de Marcos Humet y Juan Paz, se unió el regreso de la exjugadora Ana Garrigues (destinada a su antiguo colegio), que completó el apoyo al baloncesto desde dentro. Con tres pilares, académico, familiar y deportivo, Irlandesas era un proyecto muy sólido. Entre Marcos Humet y Ana Garrigues impulsaron la creación del club y la federación de los equipos, más allá de las competiciones colegiales. Marcos, que se convirtió en el primer presidente, explica el motivo: “Había un problema. Un día las niñas tenían partido, pero el papá decía que no, que se iban a la sierra y la niña no jugaba. Eso no podía ser. Había que afiliarse a la Federación para que, al menos, hubiera más disciplina…”. Juan Paz asiente: “Cuando toda su familia podía irse al pueblo, Marcos se quedaba en Madrid con Paola para que ella jugara”. Y recuerda que Juan Paz, Marcos Humet y Ana Garrigues impulsaron el baloncesto en el colegio“el club se creó en 1987 con baloncesto, hockey y gimnasia y fuimos subiendo. Lo del baloncesto fue espectacular, llegamos a ascender a Primera B con doce antiguas alumnas del colegio”.

En esas dos décadas (de 1975 al 1995) hubo de todo: dos temporadas en Primera B, dos títulos de Segunda División Nacional y dos ascensos frustrados por falta de dinero (“una de esas plazas fue para el Estudiantes”), campeonatos de Madrid de minibasket, reconocimientos de la Federación…Y hasta títulos internacionales, como cuatro Juegos Internacionales de las Escuelas Católicas (FISEC). “En el 82 hicimos una selección de alumnas, fuimos a Huelva y ganamos. Los franceses me preguntaron si era una selección de Madrid y les dije que no, que eran niñas del colegio. Se quedaron alucinados”, comenta Juan Paz. Entre sus rivales de la época estaban “el colegio Estudio, el Liceo Francés… Un duelo muy típico era Irlandesas contra Jesús Maestro. También con el Canoe que se tiró tres años sin poder ganarnos en infantil, cadete y juvenil”. Y siempre dentro de una rivalidad amistosa. “Me llevaba muy bien con Tere Vela y su marido Paco Hernández, del Estudio.  Y Chema Buceta y Manolo Coloma, que entonces llevaban el Canoe, son muy amigos míos”.


Cristina Humet llegó
a jugar en Estados Unidos.

El colegio, que se convirtió en mixto a mediados de los 80, llegó a tener trece equipos federados y ese crecimiento se reflejó en un dato que recuerda Marcos Humet: “La primera subvención que la junta de padres dio al deporte fue de 150.000 pesetas. Cuando yo lo dejé, el presupuesto era de siete millones y medio”. Juan Paz asiente: “Marcos siempre decía: Juan, tú no te preocupes por el dinero que yo lo busco. No te preocupes… esa era su frase favorita”. Entre las anécdotas, la llegada de una carta del Comité Olímpico Internacional: “En Barcelona yo había jugado al hockey sobre patines y mi patrón deportivo fue Juan Antonio Samaranch. Le escribí una carta, le expliqué que estaba en el colegio Irlandesas y que si me podía enviar una dedicatoria. Y, efectivamente, un día las monjas me dijeron que había llegado una carta del COI. Samaranch me había enviado un cuadro dedicado, que está ahora en la entrada del colegio”

Pero a principios de los 90 comenzó el declive. Se juntaron varios factores: la marcha de Marcos Humet en la temporada 91-92, cuando sus hijas abandonaron el colegio; la de Ana Garrigues, destinada fuera; las limitaciones económicas, y, sobre todo, el arrollador auge de los clubs. Incluso Juan Paz tuvo un paréntesis de dos años fuera de Irlandesas. El equipo senior desapareció y, poco a poco, los conjuntos federados se fueron reduciendo. Durante algunas temporadas desaparecieron por completo. Los responsables de Irlandesas apuntan como principal causa a la competencia externa. “Ahora estamos trabajando muy bien, pero cuando los mejores jugadores llegan a infantil se marchan. Se van cinco o seis y te dejan cuatro o cinco sin jugar”. De hecho, aunque en el colegio se cursa bachillerato, solo hay equipos hasta infantil.

Desde el privilegio que da la edad, Ana Garrigues aporta su explicación: “La oferta deportiva que hay ahora es mucho mayor que hace veinte años, pero hay un cambio de mentalidad tremendo. Ahora hay más competitividad, el objetivo es ser el número uno en lugar de crecer en valores gracias al deporte. Y decir que perteneces a un club parece más que decir que juegas en el equipo de tu cole”. Ana Iranzo, antigua alumna y ahora responsable de la escuela, va más lejos: “Todos creemos que tenemos a Michael Jordan en casa. Es un defecto que tenemos como padres. Todos pensamos que nuestro hijo es buenísimo y tiene nivel para jugar en cualquier sitio…”. Así las cosas, los equipos que destacan se deshacen enseguida. Juan Paz pone como ejemplo al que compitió hace dos temporadas en la Copa Colegial. En la 2011-12, quedaban siete chavales, en la actual, 2012-13, solo dos, sin jugar. El infantil de la 2011-12, que ganó el último trofeo del club, tampoco existe.


Campeonas de Madrid de categoría benjamín en 1980.

A pesar de todo, el Irlandesas intenta resurgir. En la temporada 2012-13 cuenta con diez equipos de baloncesto, ocho en competiciones colegiales y dos (los benjamines masculino y femenino) federados. ¿Por qué federados? Ana Iranzo, antigua alumna y actual responsable de la escuela, es directa: “Para que no se vayan, para enganchar a la gente, y porque consideramos que jugar en Federación tiene más nivel. Cuando los chicos alcanzan ese nivel a los padres se les queda corto jugar en Educación y Gestión”. Juan Paz añade: “Todos los padres creemos que tenemos a Michael Jordan en casa, y no es as픓También por la seriedad y el compromiso que vemos en los chicos y en los padres. El ambiente es muy bueno y tenemos la seguridad de que van a ir a los partidos”,

 La falta de un polideportivo es un hándicap para competir con los clubs, pero queda el gimnasio que permite jugar a cubierto los equipos de minibasket. A la competencia externa se une la interna, ya que la oferta deportiva del cole también incluye fútbol, voleibol, kárate, judo, atletismo y gimnasia. Pero (y eso es un síntoma) en el Irlandesas el baloncesto todavía supera al fútbol.


Este equipo senior ascendió a 2ª División Nacional.

Muchas cosas han cambiado desde los comienzos, pero los objetivos son los mismos y se resumen en una sucesión de valores. Como dice Ana Garrigues, “queremos desarrollar en los niños el trabajo en equipo, el esfuerzo, la disciplina, mil cosas que forman parte del deporte”. Marcos Humet pone un ejemplo: “Cuando una niña se retrasaba en los estudios, el equipo entero la ayudaba a mejorar”. Y para mantener esa filosofía nada mejor que la experiencia de los más veteranos. Las antiguas alumnas entrenan a los más pequeños. Como Ana Iranzo, ilusionada tras llenar el gimnasio con un partido de niños de 6 y 7 años, que reivindica el papel social del deporte: “La competición engancha al niño y mientras hace deporte no está en cualquier otro sitio”.

Aunque Juan Paz asegura que “vamos a sacar la cabeza y federar cada vez más equipos”, la competición ha perdido protagonismo a favor de la formación pura y dura. Algo que no preocupa demasiado a Ana Garrigues: “Es muy fácil jugar con niñas estupendas, pero también tiene mérito que las demás mejoren. Está bien que la niña que estudia para 10 saque 10, pero también es importantísimo que la que suele sacar 4 llegue a 6”.


Los chicos también juegan; este equipo disputó la Copa Colegial en 2011.

Si al Irlandesas de El Soto le toca reinventarse, el que empieza de cero es su hermano pequeño, el colegio Irlandesas de la calle Cullera, en Carabanchel. Con una realidad social muy diferente, hasta ahora carecía de deporte como actividad extraescolar. Beatriz López, también antigua alumna de El Soto, es la encargada de ponerlo en marcha: “Ese centro empezó en los 60 como un dispensario para atender a las familias. Había niños enfermos, droga… No tenía nada que ver con Velázquez ni con El Soto. Ahora el nivel económico ha subido y este año han apostado por el deporte”. Los pioneros en baloncesto son 16 chavales de Primaria que empezarán a competir en abril de 2013 en un torneo municipal. El reto es trasladar el espíritu deportivo de Irlandesas, empezando por los colores de la camiseta, el verde y blanco de siempre.

Volviendo a El Soto, Irlandesas creció desde sus orígenes en la calle Velázquez, llegó a la élite, y ahora tiene que adaptarse a los nuevos tiempos. Marcos Humet resume esa historia con pocas palabras: “En Velázquez solo había cuatro copas… mira todas las que hay ahora”.


Ana Iranzo, Juan Paz, Marcos Humet, Ana Garrigues y Beatriz López,
pasado, presente y futuro del baloncesto en Irlandesas.