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ACTUALIDAD - Protagonistas

Paulino Escudero, 52 años en las canchas



Paulino Escudero acaba de decir adiós a las canchas después de 52 años acudiendo a partidos de baloncesto en la Comunidad de Madrid. Miles de partidos de todas las categorías. Entre ellos, la final del Mundial 86 entre la URSS y Estados Unidos o aquel día en Ciempozuelos en que, en medio de una nevada, tuvo que realizar su trabajo desde el coche. Incluso después del COVID, que le mantuvo mes y medio ingresado, regresó para el que (aún no lo sabía) fue su último partido. Paulino lo deja tras más de medio siglo como oficial de mesa de la FBM.



52 años anotando, se dice pronto...

Entré en la temporada 69-70 y he estado ininterrumpidamente hasta la temporada pasada. La competición se cortó por la pandemia en marzo de 2020. Del 1 de abril al 12 de mayo estuve ingresado en el Ramón y Cajal por el COVID. Cuando empezó la 20/21 hice un partido. Entre que enviaron una nota con las medidas que había que tomar, aconsejando que los mayores de 65 años no fuéramos, y la familia, que me metía presión porque tengo leucemia linfática crónica desde 2007 y en 2013 me quedé con un riñón, llamé al Comité y dije que, de momento, paraba... y la parada ha sido definitiva. Esta temporada ya no he renovado.

¿Recuerdas ese último partido?
 
Fue al principio de la temporada pasada, en el Antela Parada de Alcobendas [en la imagen, el equipo arbitral de ese Alcobendas-Zentro Basket infantil]. Ya íbamos con mascarilla y ya sabía que sería de los últimos. Después se juntó la circular del Comité y la presión de la familia... y que había estado en el Ramón y Cajal 42 días.




Pero, a pesar del COVID, volviste...

 
Llevaba algún tiempo quitándome del baloncesto. Siempre decía que en cuanto llegara a las 50 temporadas como oficial de mesa cortaba, pero seguía, y seguía... Llegó la 48, la 49, la 50, la 51... No sé si hubiera podido seguir más. Ahora mismo, en las condiciones que estoy, no, pero sí es verdad que me ha costado trabajo dejarlo porque eran muchos años con la misma rutina. Parece una tontería, pero cuando llegaba un domingo sin partidos faltaba algo. Estaba por casa sin saber qué hacer. Es verdad que ya solo hacía partidos los domingos. Dejé de hacerlos otros días en un momento en que en casa era un problema. Llegaba un cumpleaños o cualquier celebración y había que esperar a saber que horarios tenía... Además, hasta el viernes no sabía los partidos y eso me condicionaba mucho. Últimamente me lo pensaba bastante y algunos años renovaba ya empezada la temporada. Pensaba dejarlo, pero cuando llegaba el momento volvía y cuando empezaba ya no había vuelta de hoja.

¿Qué te aportaba ser oficial de mesa? ¿Por qué compensaba volver año tras año?
 
Yo empecé en el baloncesto de una forma muy curiosa porque tenía de compañero en el trabajo a Fidel Molinero, un árbitro de baloncesto que falleció hace años, y me propuso meterme en esto... Trabajaba los sábados, y los domingos me daban las doce de la mañana en la cama. Sentía que perdía el día...


¿Te gustaba el baloncesto? ¿Habías jugado?
 
Estudié en Fátima, en los clérigos de San Viator, y allí había baloncesto. Jugaba, pero de patio de colegio, sin nada organizado... Era mi única experiencia de baloncesto. También me propusieron arbitrar y dije que no. Bueno, con 26 o 27 años, arbitré un partido de niñas. Lo recuerdo perfectamente. En un momento determinado le pité una personal a una niña. Mira... viene hacia mí y se me abraza llorando, diciendo que no había hecho nada... Cuando volví al Colegio al día siguiente dije que mi carrera arbitral había terminado. Empecé en el baloncesto así, porque, para ser sinceros, económicamente andaba bien. Siempre he dicho que a mí el baloncesto me ha costado dinero por varios motivos. En primer lugar, porque en aquella época la costumbre era que si íbamos cuatro a la mesa después teníamos cuatro rondas... Además, en el banco podía trabajar los festivos y me los pagaban bastante bien, era jefe de sala y por ir un festivo me daban 68.000 pesetas, pero renunciaba a ellas por ir al baloncesto. Prefería el partido. También es verdad que por el trabajo dejé de estar en la ACB. En aquella época se fusionó el Banco Central con el Hispanomericano y me quedé de responsable de la sala de informática. Tenía responsabiidad 24 horas. ¿Qué pasó? Que se empezó a jugar al baloncesto entre semana. Si me tocaba un partido entre semana, tenía que delegar en el segundo de a bordo. Aguanté un año hasta que el subdirector general me dijo que no podía seguir así.


A principios de los ochenta estabas en Primera Nacional, el equivalente a la actual ACB.

 
Sí, lo que luego fue la ACB. Pero entonces las categorías no se seguían tan a rajatabla. Subías, pero en aquella época el baloncesto era más familiar. Estabas a caballo entre varias categorías. Ahora se ha profesionalizado todo.


En 1986 se celebra el Mundial de España y estás entre los elegidos...

 
Estuve a punto de decir que no porque llevaba casi veinte años en baloncesto, ya estaba casado y con hijos. Tenía una serie de obligaciones y pensé que era un buen momento para dejarlo, pero, como hablábamos antes, el gusanillo te hacía seguir y seguir... El Mundial es una experiencia. Hice la final, entre la Unión Soviética y Estados Unidos [en la foto, Paulino es el tercero por la izquierda], pero siempre digo que el mejor partido, que viví desde la grada, fue la semifinal de Yugoslavia con la URSS, con los hermanos Petrovic, Sabonis.... Fue un partido buenísimo. Estar allí fue increíble. Es verdad que ya había hecho los partidos del Real Madrid en el pabellón de la Ciudad Deportiva, antes de irse al Palacio, pero no era lo mismo. Una mesa impresionante, el comisario, la prensa... ¡la leche! Hasta tuvimos un ordenador en la mesa de anotación. Luego no volvimos a verlo hasta veinte años después.


En este medio siglo en las canchas, ¿qué anécdotas recuerdas?

 
Hay muchas. Desde anotar un partido un 19 de marzo, San José, en Ciempozuelos, nevando. Ya se había aplazado el partido dos veces. Llegamos allí nevando y dicen que querían jugar...

 

En la calle...

¡Claro! En aquellos años solo tenían pabellones cubiertos el Real Madrid, el Canoe, el Estudiantes y poco más... Todo lo demás era al aire libre. Dije que no tenía ningún inconveniente, pero que las actas eran muy porosas y en el momento en que se mojaran no podía escribir. Insistieron en que querían jugar y solo se me ocurrió que podía meter el coche al lado de la cancha. Hice el partido desde dentro del coche. Otro día, en el Buen Consejo, jugaban IBM contra no sé quién y se presentan con cuatro jugadores. Dijimos que no se podía jugar, pero los dos equipos decían que les daba igual, que solo iban a echar unas canastas... ¿Sabes cómo se jugó? Les prestaron un jugador los del equipo contrario. Hicimos el apaño en el acta y jugaron el partido. ¡Ah! y en el segundo tiempo le cambiamos porque quería jugar con su equipo. Algo imposible ahora.


En estos años ha cambiado mucho el baloncesto...

¡Ufff! A nivel de espectáculo no tiene comparación. Ahora hay mucho más. El problema es que, según mi forma de pensar, con mis 75 años, donde anda el dinero mal negocio, y el dinero ha entrado hace muchos años en el baloncesto. En aquella época era todo más familiar, más de amigos, y ahora no. Ahora hay más presión.


¿Cuánto se cobraba por partido?

Recuerdo hacer algún partido de infantiles o algo así por 15 pesetas. Y con otra pega, que  entonces no tenía coche y te tenías que mover por Madrid en transporte público. Desde hace algunos años dan un dinero por el transporte, pero entonces no había nada. Por eso te digo que al final casi te costaba dinero. Pero quedar al final con tus amigos lo compensaba... Era un aliciente que luego se fue perdiendo porque, y no tengo nada en contra de ello, llegó un momento en que la gente empezó a entrar por dinero. Cuando tenías en el grupo algún chaval que estaba estudiando y quería sacarse un dinerito, no se metía en el bar y esa costumbre se fue perdiendo.


Todo el mundo habla de los jugadores, los entrenadores, incluso de los árbitros, pero los oficiales de mesa parece que no existen...

Ahí recuerdo mucho a Elena Mendaña, que sigue anotando. Se mosqueaba cuando le llamaban mesa. Nosotros siempre hemos sido nadie... la mesa. El árbitro es el árbitro, pero nosotros... Luego nos pusieron eso de oficiales de mesa, que parece algo. No te voy a decir que somos la cenicienta del baloncesto, pero, bueno, formamos parte... de la mesa. Un mueble que está ahí, que es necesario, pero nada más. Pero, en fin, tú vas a lo tuyo, a pasar el rato, a hacer tu trabajo y a juntarte con la gente.


¿Qué debe tener un buen oficial de mesa?

Siempre digo que para dedicarte a esto, igual que a muchas otras cosas, lo principal es que te guste, por supuesto, pero, sobre todo, que no sea una obligación. En el momento en que pienses que es un sacrificio, lo mejor es dejarlo. Al menos durante un tiempo. ¡Ojo! He tenido algún compañero y compañera que eran matrimonio, se quedaron los dos sin trabajo y hacían sábados, domingos, festivos... todo lo posible porque era su medio de vida. Ahí poco tengo que decir.


Al final, el oficial de mesa está pendiente de los banquillos, los entrenadores, los cambios...

Eres la relación entre el banquillo y el árbitro. Muchas veces tienes que tranquilizar a los banquillos. Cada uno somos como somos y hay quien se enfada. Muchas veces tienes que tranquilizar y recordar que solo es un juego.


¿Llegaste a utilizar el acta digital?

Estas últimas temporadas lo que he hecho ha sido cronometrar... Y fíjate que he sido informático. Me he tirado casi cuarenta años en infomática, en el banco, pero con grandes ordenadores, en una sala de 600 metros cuadrados. Cuando empecé en informatica, el primer ordenador que utilicé fue un 1401, que si imprimía no podía leer una cinta. Todo esto de internet no tiene nada que ver. Cuando empezó el acta digital, hace tres o cuatro años, dije que prefería cronometrar.



¿Cómo animarías a alguien a hacerse oficial de mesa?

Depende de sus necesidades. Cuando yo empecé, éramos todos personas hechas y derechas, con más de veinte años. Yo tenía 23. Ahora hay chavalines de 16 o 17. Para meterte en baloncesto de oficial de mesa o de árbitro hay dos motivos. Uno es el interés económico, y ahí no me meto, y otro que te guste. Si te gusta, a disfrutar, a vivirlo... y en el momento que no te guste, lo dejas.


Que no ha sido tu caso...

No, y no sabría decir por qué. Era un gusanillo, un no sé qué... No sé el motivo, pero había algo que me obligaba a seguir un año tras otro hasta las 52 temporadas.



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