Buen Consejo, con estilo propio

Reportajes clubs. Buen ConsejoEs un histórico con un sello particular, el que imprimieron Antonio Montes en los años cuarenta y Manuel Vázquez en los ochenta: el deporte como parte de una formación integral. Del colegio han salido Vicente Paniagua, Ángel Jareño e Ismael Santos. Pero el éxito deportivo no es la meta. José María Silva lleva ahora las riendas con la integración como objetivo, sin excluir a nadie, y, como dice, “algo debemos hacer bien cuando nuestros niños siguen jugando o se forman como entrenadores”.

 

El colegio Nuestra Señora del Buen Consejo surge como institución educativa en el curso 1940-41 (antes era una residencia universitaria) ya con una decidida vocación deportiva. Primero el fútbol; unos años después, por iniciativa del padre Antonio Montes, el baloncesto, el balonmano, el voleibol, el atletismo y la gimnasia rítmica. Siempre con medios rudimentarios. Como se recuerda, las canastas de básquet consistían en un palo clavado en el suelo de arcilla con un tablero cruzado en lo alto.


Un equipo de los años cincuenta:
Ricardo, Ubanell, Rueda, Pepe, Mariano y Pardo.

Los pioneros fueron, entre otros, jugadores como Pinna, Mariano, Ávila y Serradilla. El impulso definitivo llegó en la temporada 1951-52 con la visita al colegio del padre agustino Thomas Nash, entrenador de baloncesto en Chicago. Impartió lecciones a los alumnos y, esa misma temporada, los equipos ya tenían a su primer entrenador, el señor Borrero.

Aunque en la década de los cincuenta, el atletismo y la gimnasia rítmica aún eran los deportes que más éxitos conseguían, el baloncesto ganaba terreno a toda velocidad. En la 52-53, el primer equipo fue también el juvenil del Atlético de Madrid en un precedente de la que sería posterior colaboración con el Real Madrid. Los jugadores de ese equipo eran López, Muruais, Rivas, Casas, Ubanell, Ricardo, Mario, Osuna y Borrajo. Poco después, en 1958, llegó uno de los numerosos nombres clave en la historia del club deportivo, Roberto Outeiriño. Bajo el empuje de los padres Ángel Martínez y Andrés Baciero, el Buen Consejo se convierte en uno de los dominadores del básquet escolar madrileño con numerosos títulos regionales y participaciones en Campeonatos de España. En esa época pasaron por el patio nombres como Vicente Paniagua, Javier Sampedro o Rafael Peyró.


Borrero, con traje, fue el primer entrenador del Buen Consejo.

Esa tradición se mantiene en los ochenta, cuando surge la figura clave del padre Manuel Vázquez. Uno de los alumnos de entonces era José María Silva, actual director técnico, que formó parte de la última etapa gloriosa del club (en el aspecto puramente competitivo). “El padre Vázquez potenció mucho la sección de baloncesto. Creó una alianza con el Real Madrid que se ha mantenido durante bastante tiempo (también en el colegio San Agustín, de la misma orden). Era un hombre de baloncesto, que incluso recibió un galardón de la Federación de Baloncesto de Madrid y cuando, ya mayor, fue trasladado a Ferrol siguió colaborando con el OAR”.


Roberto Outeiriño, de pie el primero por la izquierda, lideró este equipo a finales de los cincuenta.

Pero la labor del padre Vázquez no se limitaba a los éxitos deportivos: “Creó una base muy importante en el colegio. Era de la vieja escuela. Se pasaba por las clases y decía: Tú, tú y tú, al baloncesto…” El Buen Consejo fue subcampeón de España en 1987 con Jareño, Santos y Silva A esa incansable labor de captación se unió el acuerdo con el Real Madrid. Ángel Jareño, entonces profesor del colegio y coordinador de baloncesto, descubrió al infantil Ismael Santos en un campus de Ourense y “antes de que el Barcelona se adelantara, el Real Madrid lo becó y estuvo un año aquí. Formó parte del alumnado y jugó en el equipo del cole antes de pasar a las categorías inferiores del Real Madrid”. Ese año, 1987, el Buen Consejo de Jareño, Santos y Silva se proclamó subcampeón de España infantil. Más adelante, los tres llegaron al primer equipo del Real Madrid. El primero como entrenador, Santos y Silva como jugadores. Lo mismo sucedió con otro alumno, Marcos Carbonell.

Silva recuerda que “en los ochenta había dos equipos por categoría. El A competía en las ligas federadas y el B en las escolares, y los dos quedaban bastante bien. El año en que fuimos campeones de Madrid y subcampeones de España también quedamos campeones de Madrid y subcampeones de España en categoría escolar”.


Un equipo cadete de de 1997 entrenado por Borja Castejón.

Sin embargo, la marcha de Manuel Vázquez a Galicia frenó ese crecimiento. Como explica Silva, “muchos proyectos deportivos dependen de iniciativas e ilusiones personales. El padre Vázquez era un apasionado del baloncesto, se desvivía, lo cuidaba… y por eso creó un germen importante. Luego la pasión o la dedicación no era la misma”. Otro factor importante fue el auge de los clubs. A principios de los noventa, el baloncesto escolar comenzó a perder importancia en el panorama regional y nacional.

A partir de 2001, un antiguo alumno, Borja Castejón, intenta que el básquet recupere el lugar que había perdido. Silva, que tras acabar su carrera como jugador, había comenzado a ejercer como profesor de Educación Física en el colegio, recuerda que “Borja empezó a hacer lo que él había vivido con el padre Vázquez. Iba por las aulas, a los recreos, me pedía dar una clase de baloncesto en la hora de Educación Física… Además, tendió puentes con la Federación de Baloncesto de Madrid y montó aquí el Programa Escolar. Gracias a él volvió al germen del baloncesto”.


Las chicas del 93 fueron terceras de Madrid en junior federado.

En 2004, cuando Borja Castejón se marchó, más de un centenar de alumnos jugaban al básquet en el Buen Consejo. Entre ellos, los primeros equipos de niñas, como el de la generación de 93, un conjunto que sirvió de punta de lanza para  los demás equipos femeninos. José María Silva tomó el relevo y en los últimos ocho años el número de jugadores se ha multiplicado por cuatro. ¿El secreto? “Borja hizo un trabajo descomunal, pero yo estoy dentro del colegio, soy un docente más. Estoy todo el día con los niños, imparto clase en diez cursos. Conozco a todos y sus motivaciones. Hablo con ellos, con los padres, los profesores…” En la actualidad, de los 1.300 alumnos del colegio, 650 hacen deporte, más de 400 baloncesto (el número más alto de la historia) y de estos últimos más de la mitad son chicas.


En la presentación del Programa Escolar 2009-10 estuvieron
Pepu Hernández y José Luis Sáez, entre otros.

Otras de las claves es el apoyo del centro, que subvenciona a fondo perdido el 30 por ciento del gasto en deporte. Todas las instalaciones están al servicio del club deportivo. Desde el pabellón (una de las primeras canchas cubiertas de Madrid) hasta el patio, donde conviven las canastas y las porterías de fútbol sala. El espacio se aprovecha al máximo y en los huecos que han dejado las sucesivas ampliaciones también se han instalado canchas o canastas de baloncesto. En total, hay nueve canchas, aunque en el Programa Escolar se batió el récord con 36 pistas de 3x3. Uno de los proyectos a corto o medio plazo es construir un nuevo pabellón bajo el patio.


En su gran mayoría, los entrenadores son antiguos alumnos.

Y es que una de las señas de identidad del Buen Consejo es la implicación. Desde arriba hasta abajo. “Hay mucha interactuación. Si el 98 de los jugadores son alumnos, el 95 de los entrenadores son exalumnos que, normalmente, estudian carreras superiores. Cuando un niño va mal con los estudios el mismo entrenador le mete en la biblioteca, saluda al que fue su profesor y ayuda al niño a sacar la asignatura. Los padres saben que aquí los niños están seguros y conocen a los profesores y los entrenadores”. Y es que “este colegio tiene una identidad muy acusada. Mi entrenador, Ángel Jareño, me lo enseñó. Éramos un grupo y cuando ahora quedo con Ismael Santos no recordamos el año en que fuimos campeones de Europa sino todo lo que hacíamos en el cole”.

Ese espíritu formativo y de integración, marca de la casa, se refleja en la filosofía del club deportivo. Silva lo tiene muy claro: “Es evidente que los niños y los jugadores quieren ganar los partidos, pero esa obsesión por el resultado hace el baloncesto excluyente. Si esto fuera un club habría baloncesto de competición, pero no es así. Esto solo puede ser comprendido como baloncesto de formación, que es todo menos excluyente”. “Aquí, si un niño quiere jugar al baloncesto va a hacerlo. Da igual si es más alto o más bajo” Un nombre mítico defiende su filosofía: “A Michael Jordan siempre le echaban del equipo del cole por malo, pero a estas edades no hay buenos ni malos. Hay diferentes ritmos de maduración, diferentes momentos evolutivos… Nosotros solo tenemos que potenciar el gusto por el baloncesto, por una actividad que potencia valores como la capacidad de esfuerzo, la superación y el trabajo en equipo. Todas esas cosas que a los niños les van a valer después y no solo para el baloncesto sino para los estudios o su trabajo”.


El Buen Consejo fue pionero en las jornadas de Babybasket.

Por todo eso, el director deportivo del Buen Consejo sentencia que “aquí, si un niño quiere jugar al baloncesto va a hacerlo. Da igual si es más alto, más bajo o si tiene más o menos condiciones para el deporte”. Y, absolutamente implicado con el proyecto, va más lejos: “¿Podríamos competir? Sí. ¿Podríamos hacer pruebas de selección o juntar generaciones? Sí. Pero me niego. El día que se haga una prueba de selección, yo salgo. No podemos perder jugadores, y algo debemos estar haciendo bien cuando nuestros niños salen del colegio y siguen jugando o se forman como entrenadores”. Silva defiende el valor integrador del deporte y, en concreto del baloncesto, en todos los aspectos: “Hay niños que pueden tener menos desarrolladas su habilidades motrices, o han tenido una lesión, o son más tímidos y les cuesta relacionarse… El baloncesto les viene bien para su desarrollo integral”.

La pirámide formativa empieza en Educación Infantil con la escuela de predeporte. Ya en Primaria aparecen las escuelas deportivas, donde los chavales se encaminan hacia el fútbol o el baloncesto para comenzar a competir en benjamín. La pirámide termina con los equipos junior, el recién creado sub’21 o, más allá, con los equipos de padres y madres. Fiel a esa vocación formativa, el Buen Consejo fue el campo de pruebas en las jornadas de Babybasket instauradas hace tres temporadas por la Federación de Baloncesto de Madrid: “En Primaria hacemos actividades enfocadas a las habilidades y destrezas básicas. Funciona, pero se quedaba corto. Faltaba algo. A esas edades los niños no solo deben entrenar, también quieren jugar partidos, y en las jornadas de Babybasket lo hacen sin la presión del resultado, sin frustraciones”. Silva, exjugador de élite, reconocido experto en baloncesto de formación, reconoce que en ese regreso al baloncesto en estado puro “es cuando mejor me lo paso. Lo único que existe es la pasión por ver al niño meter su primera canasta. Es una fiesta y una experiencia fantástica”.


 
 

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