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ACTUALIDAD - Protagonistas

"Ahora solo pienso en disfrutar"



Sarah Rodríguez empezó a jugar al baloncesto en su colegio, Mater Inmaculata; creció deportivamente en el Estudiantes, donde escaló todas las categorías hasta alcanzar el primer equipo; fue doble campeona de Europa U20; soñó con jugar en Liga Femenina y lo hizo, en Rivas; se marchó a Tenerife, al Ciudad de los Adelantados.... y desapareció del baloncesto durante dos temporadas. Ahora ha vuelto, al Distrito Olímpico de Primera Nacional. Más tranquila, sin presión ni retos, solo disfrutando del día a día.


En las fichas y estadísticas oficiales aparece como Sara, sin h, pero desde siempre ella prefiere ponerla, porque "es más personal". La entrevista se realiza en el Circular de San Blas, de reestreno después de cinco meses cerrado por obras, y tras un partido frente al Movistar Estudiantes, el club en el que pasó media vida. Distrito ha vencido por 69-55 con 8 puntos y 5 rebotes en el casillero de Sarah. Al acabar, abrazos con muchas de las jugadoras colegiales. "Para mí jugar contra el Estudiantes siempre es especial Además, conozco a las niñas porque estuve entrenando con ellas el año pasado, cuando eran júnior. Por eso has visto los abrazos con Mónica [Alonso] y las demás", afirma.

Con 26 años, Sarah Rodríguez puede presumir de dos títulos europeos U20, en 2012 en Hungría y el 2013 en Turquía. "Los campeonatos de Europa son mis mejores recuerdos, pero también la primera edición del Mundial 3x3, en el que quedamos campeonas del mundo [junto a Yurena Díaz, Astou Ndour y Marta Montoliú]. Son las tres medallas más destacadas". Con su trayectoria en el Ramiro y esos metales como aval, en 2014 llegó el salto a Liga Femenina, en Rivas; después, el paso por Alcobendas, el viaje a Tenerife y el adiós a la élite. ¿Por qué? "El baloncesto profesional a veces es duro y llega un momento en que colapsas mentalmente. Necesitaba una desconexión personal porque este deporte te da mucho y te aporta mucho, pero también te exige mucho. Quise centrarme en mis estudios porque lo necesitaba, y por eso desaparecí".

Sarah profundiza en esa vertiente negativa: "Sobre todo es el tiempo que te quita. Evidentemente hay jugadoras que están hasta los 35 o 40 años y me parece perfecto, pero llega una edad en que haces balance: cuánto suma esto, cuánto tiempo me está quitando de formación... Empecé a hacer Psicología y lo adoro. El año que estuve en Canarias estudié a distancia y cuando volví a Madrid me metí en la Autónoma, a asistir a clase, como un personal normal y corriente".

El regreso a las pistas ha sido paulatino. Primero entrenamientos con el Estudiantes y después la llamada del Distrito Olímpico. "La verdad es que no tuvieron que convencerme. Ya tenía el gusanillo. Tengo buen relación con Funky [Víctor Barroso], responsable de la cantera femenina del Estu, le dije que quería entrenar y me dijo que sí, que ayudara a las júnior. Juanma Ruiz [director técnico femenino del Distrito Olímpico] me llamó en verano, le dije que no, que no tenía tiempo, pero dos días después le llamé para decirle que sí. No hizo falta que él insistiera".

De ser campeona de Europa y jugar en Liga Femenina a hacerlo en Primera Nacional. Sarah no se toma ese camino como un paso atrás: "Yo he alcanzando cosas que para cualquier niña que juega al baloncesto serían un sueño, y creo que después de dos años sin jugar meterme a un Liga Femenina 2 habría sido un poco suicidio. Nacional es una buena categoría". Por la calidad de su plantilla, el Distrito Olímpico es uno de los favoritos a intentar el asalto a LF2. "Es la respuesta típica, pero se verá durante la temporada. Hemos pinchado algunos partidos porque otros equipos también tienen mucha calidad, como Torrelodones o Rivas".


Y es que, a pesar de la gran acogida del Distrito (a los abrazos con las jugadoras del Estu siguieron los de las niñas de San Blas), en este momento Sarah prefiere no marcarse metas dentro del baloncesto, ni a corto ni a medio plazo: "Ahora mismo no tengo ningun reto. Solo disfrutar". El único proyecto a la vista es laboral, junto a Mariona Ortiz, compañera suya en la selección que conquistó el oro europeo de 2012 y también en las aulas.

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