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Corazonistas, mandan las chicas



En el colegio Sagrado Corazón de Madrid las cifras hablan por sí solas. De los 1.100 alumnos, 500 practican algún deporte. Más de la mitad se deciden por el baloncesto y, de ellos, la mayoría, 170, son chicas. El espectacular aumento de la cantera fe...

Reportajes Clubs. CorazonistasEn el colegio Sagrado Corazón de Madrid las cifras hablan por sí solas. De los 1.100 alumnos, 500 practican algún deporte. Más de la mitad se deciden por el baloncesto y, de ellos, la mayoría, 170, son chicas. El espectacular aumento de la cantera femenina en los últimos años ha dado sus frutos con la clasificación para cuatro Campeonatos de España consecutivos. Toda una gesta, pero no un techo, porque, a corto plazo, las chicas del Corazonistas aspiran a llegar hasta Primera Nacional, donde ya estuvieron ellos.




 

La historia del colegio Sagrado Corazón comienza en 1946 en un edificio de la calle de Claudio Coello que pronto se quedó pequeño. Por eso, en 1958 comenzó la mudanza a su emplazamiento actual, en la avenida de Alfonso XIII. Ya desde el principio, el colegio, que entonces solo admitía niños, apostó por el deporte. Primero fueron el fútbol y el balonmano. Más tarde llegaría el baloncesto para, con el tiempo, superar a los anteriores tanto en número como en éxitos. Alfredo Medinilla, ahora padre de alumnos y entrenador, y entonces (a principios de los 70) alumno de Primaria y jugador, recuerda que "se empezó a jugar porque la sociedad lo demandaba. Veíamos al Real Madrid y queríamos hacer lo mismo, aunque entonces había muy pocos equipos, ni siquiera uno por categoría, porque la mayoría jugaba al fútbol o al balonmano".


El colegio Sagrado Corazón en sus primeros años.

No obstante, los alumnos del Corazonistas comenzaron a conseguir los primeros éxitos en baloncesto gracias a un grupo de entrenadores entre los que estaban Juan Queipo de Llano y Manolo Coloma (años más tarde seleccionador nacional femenino absoluto y director general del Ros Casares). Después llegaron Manolo Alcaide, futuro entrenador del Atlético de Madrid Villalba de ACB, y Jaime Mora. Entre los primeros logros, el sexto puesto de Madrid en junior en la temporada 1981-82. "Ese año jugamos contra el Real Madrid, que tenía a Antonio Martín y Guillermo Hernangómez; el Canoe de Quique Villalobos; en el Alcorcón estaba Carlos Montes. Pero nuestro gran rival era el Virgen de Atocha, el otro colegio que daba guerra a los clubs. Ese año quedamos por delante y tuvimos el orgullo de ser el mejor colegio de Madrid", comenta Medinilla, quien también recuerda que "la generación de 1974 llegó hasta Primera Nacional. Es curioso, en aquella época jugaba poca gente, pero salían equipos muy buenos".

En los años 80, el baloncesto ya estaba plenamente integrado en el colegio, que seguía así la estela de otros centros de la orden, sobre todo el de Vitoria, de gran tradición baloncestística y que, más recientemente -como explica Xabi Barandiarán-, "ha tenido acuerdos con el TAU. Por ejemplo, José Manuel Calderón, Jorge Garbajosa o Tiago Splitter han estudiado allí y han jugado con el TAU".


Un equipo juvenil de la temporada 1980-81. El baloncesto ya funcionaba a pleno rendimiento.

Barandiarán es, junto a Santiago Alejandro, el actual director técnico del Corazonistas y uno de los artífices de la 'explosión' del baloncesto femenino, que empezó a gestarse cuando el colegio abrió sus puertas a las chicas. "Las primeras entraron en 1º de BUP en 1993, pero no competían ni tenían equipos, solo se juntaba un día a la semana para entrenar. El primer equipo se formó en 1995. "El boom comenzó con la generación del 93, campeona de Madrid dos años seguidos"Después se dividió en dos, uno con la generación de 1985 y 1986, que estaba en Infantil federado, y otro con las de 1987 y 1988, en Alevín de segundo año. A partir de ahí se empezaron a sumar generaciones de la escuela", explica Santiago Alejandro.

El baloncesto femenino cuenta con una ventaja. "Cada curso hay 40 alumnos nuevos que se apuntan a la escuela deportiva y con ellos tienes que hace tres deportes. El fútbol siempre tiene asegurados 12 ó 13 chavales y los otros se reparten entre baloncesto o balonmano. En chicas no hay ese problema porque solo una o dos juegan al fútbol. Hay cursos en los que tenemos más de 20 niñas". Igual que había sucedido antes con los chicos, el papel de los técnicos, como Roberto Calero y Roberto Sánchez, al principio y Quique Morán después, resultó decisivo. "El boom comenzó en 2003, cuando Quique Morán quedó campeón de Madrid con la generación del 93 en alevín de primer año. Al año siguiente repitió en alevín de segundo año. Fueron los primeros Campeonatos de Madrid de las chicas de Corazonistas".


Los minis de la temporada 1988-89, cuando todavía no había chicas.

A todo ello (mayor número de chicas y entrenadores muy implicados con el deporte femenino), se unió una estrategia, la de adelantarse a los demás: "Antes había dos años de escuela, en 1º y 2º de Primaria, y al tercero las federábamos, pero empezamos a ver que las niñas de 2º, que solo entrenaban y jugaban algún partidillo, se aburrían. Por eso empezamos a federar un prebenjamín en benjamín de primer año y conseguimos un año de ventaja". Enseguida llegaron los resultados. "La generación del 92 quedó tercera de Madrid en infantil, la del 93 campeona los dos años de alevín, la del 95 conquistó los cuatro campeonatos de mini, la del 96 fue subcampeona.", enumera Xabi Barandiarán.


El primer equipo femenino, a las órdenes de Roberto Sánchez.

El número de equipos masculinos se ha mantenido estable, entre nueve y once, pese a los esfuerzos por crecer de entrenadores de prestigio en el baloncesto madrileño como James (ahora en el junior del Baloncesto Torrejón). Mientras, las chicas no han parado de aumentar. Más aún con el efecto llamada de los títulos y sucesivas presencias en Campeonatos de España. Un reclamo no solo dentro sino también fuera del colegio. "Cualquier chica del cole que quiera jugar puede hacerlo, pero nunca no han puesto trabas para traer a gente de fuera siempre y cuando no quite el sitio a las de aquí. A veces sacamos 18 chicas pero nos llaman dos o tres de fuera y así podemos sacar dos equipos". Vienen y, lo más importante, no se van. "Al competir más que antes evitamos la huida de jugadoras. En la generación del 92 un par de chicas muy buenas se fueron al Canoe, pero a partir del 94 son casos muy contados. En cambio, a los chicos no los puedes retener porque aquí llega un momento en que se frena su progresión".


El primer pabellón, donde ahora está la piscina del colegio.

A pesar de ese crecimiento el club mantiene sus orígenes. Y sus tradiciones. Por ejemplo, el mayor orgullo para los alumnos-jugadores no es disputar un Campeonato de España (algunas chicas lo han hecho cuatro años seguidos) sino participar en las 'Olimpiadas' contra todos los colegios Corazonistas de España, algo que solo hacen una vez. "Además de en Madrid y el País Vasco, hay colegios en Barcelona, Navarra, Zaragoza, Valladolid. Vamos rotando y cada año, en marzo o abril, lo organiza uno. Solo acude un equipo, que en baloncesto es el alevín de segundo año, así que los chicos solo viven esta experiencia una vez en la vida".

El progresivo aumento de equipos y jugadores obligó a aumentar también las instalaciones. A la única pista del patio y un pequeño pabellón se unió otra cancha en la azotea. Además, se proyectó un nuevo polideportivo bajo el patio. En 2008, el colegio se derrumbó. Un año sin aulas ni instalaciones deportivas Pero en 2008 todos los planes se vinieron abajo. El día de Navidad del año en que el colegio Sagrado Corazón cumplía medio siglo uno de los edificios se derrumbó. Los responsables del club lo recuerdan como "el peor momento de la historia del cole", aunque también como "un milagro, porque aquí no había nadie cuando un par de días antes el colegio estaba lleno".


El peor momento de la historia:
el derrumbe del colegio en la Navidad de 2008.

Durante un año, los alumnos se quedaron sin aulas y los jugadores sin pistas para jugar y entrenar. "Aunque el otro edificio estaba bien, cerraron el colegio entero para revisarlo a fondo y fue un año muy complicado. Todos los alumnos se tuvieron que trasladar. Los pequeños al Highlands de La Moraleja y los mayores a un centro de Aluche cedido por la Comunidad de Madrid. Los entrenadores íbamos a La Moraleja, a las instalaciones del colegio Santamarca o a una finca de Pozuelo". La mayor parte de los 27 técnicos son exalumnos, "pero también tenemos gente que lleva aquí siete u ocho años y están muy involucrada, se sacrifica mucho". Además de los ya citados, más Santiago y Xabi, estuvieron en el colegio, o siguen en él, José Luis Mimoso, Gabriel Sánchez Ramiro, Diego Blázquez, Agustín Molina.

Quizá por esa implicación y por la colaboración de las familias ("muchos dedicamos los fines de semana a ir de un colegio a otro", dice Alfredo Medinilla), los equipos mantuvieron intacta su progresión durante el año de exilio. La generación femenina del 95 terminó superando a la del 93 con los cuatro títulos de mini, y después fue subcampeona de Madrid infantil y tercera en cadete. La del 97 repitió éxitos e incluso llegó hasta el Campeonato de España infantil con un equipo de primer año.


Las generaciones del 95 y el 97 que han disputado campeonatos de España.

La vuelta a la normalidad tras la reconstrucción del colegio fue solo a medias. El viejo pabellón se transformó en piscina y del nuevo solo estaba el hueco, así que los 27 equipos (10 masculinos y 17 femeninos; 270 jugadores, 100 chicos y 170 chicas) tienen que repartirse en las dos pistas exteriores (en el patio y en la azotea) y los conjuntos de Preferente, obligados a jugar bajo techo, deben hacerlo de alquiler en el colegio Sagrados Corazones Paraíso. Al menos hasta que se construya el deseado polideportivo: "Está previsto empezar antes de que termine el curso y dan de plazo un año y medio. Esperamos tenerlo dentro de un par de temporadas", comenta Xabi.

En el Corazonistas las chicas mandan en el patio, aunque eso no significa que se descuide a los chicos. "Tenemos un equipo sub'21 en Preferente con exalumnos, que puede ser la referencia para el futuro". El objetivo en el básquet masculino es aumentar el número de equipos hasta uno por generación: "El problema es que ahora tenemos varias generaciones juntas, sobre todo entre los más pequeños, quizá porque el balonmano ha vuelto a tener tirón en el cole". Con las chicas apuntan más lejos: "Las mejores generaciones están llegando a senior, que es donde queremos pegar el salto. El sueño es tener un equipo en Primera Nacional dentro de uno o dos años".


Intensidad en la pista y compañerismo fuera de ella. Cecilia Muhate consuela a una jugadora
del Asefa Estudiantes tras la conquista del Campeonato de Madrid infantil de 2011.

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